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Resultaba increíble que no hubiera un libro de calidad escrito en castellano sobre el genial Hayao Miyazaki.

Por suerte, Laura Montero y la editorial Dolmen saldan esta deuda ofreciéndonos 'El mundo invisible de Hayao Miyazaki': un estudio en profundidad, no ya sólo sobre el trabajo de este genio, sobre el modo en el que su trabajo se imbrica dentro del más amplio mundo de la animación japonesa

Éste es el texto íntegro de la entrevista que le hice a la autora para el número 50 de la revista AUX Magazine. ¡No tiene desperdicio!

Me ha sorprendido el leer que el cine de animación japonés no tiene tan buena salud como solemos creer normalmente. ¿Cuáles son realmente las características más importantes de ese mercado?

En comparación con el mercado español, el cine de animación en Japón sí goza de una gran salud, lo que pasa es que muchas producciones de grandes directores como Otomo u Oshii no baten récords de taquilla como sí hace Miyazaki. Otra historia son las películas que surgen de series de éxito y que casi siempre se cuelan entre las 50 películas más vistas cada año. Hemos de tener en cuenta que el mercado de anime es muy grande, y que las tres ramas de las que se nutre y retroalimenta son el manga, la televisión y el cine.

Si ya hay confusión entre manga y anime en lo que al gran público se refiere… de géneros ni hablamos, ¿no?

Efectivamente, si no hablas con alguien que haya leído algo sobre el tema, mencionar conceptos como shoujo, shounen o seinen no lleva a ninguna parte. De hecho, hace unos años, cuando se estrenó 'Gisaku' en Madrid, el productor dijo que la película era un shounen y que se trataba de un género destinado a toda la familia. Yo no salía de mi asombro porque se suponía que se habían documentado para hacer la producción y no tenía ni idea de lo que estaba hablando.

Lo que sí está claro es que los que consumimos manga y anime conocemos, por lo menos, las grandes categorías de los géneros.

el mundo invisible de hayao miyazaki dolmen laura montero

Siempre es un buen momento para hablar con Eddie Campbell. Pero si la editorial Astiberri y el Salón de Cómic de Getxo unen sus fuerzas para hacerle presentar su próximo 'Mi libro sobre el dinero' en la XI Edición de este Salón, la entrevista es ya inexcusable.

Aprovechamos la ocasión para hablar con él también sobre 'El amnios natal' y 'Serpientes y escaleras' (recuperados ambos por Astiberri hace no demasiado tiempo), su relación con el ordenador como herramienta de dibujo y algunas cosas más que seguro os interesarán.


Astiberri recuperó hace poco ‘El amnios natal’ y ‘Serpientes y escaleras’, ambas basadas en sendas performances de Alan Moore. ¿Qué fue lo que más te atrajo de la performance de ‘El amnios natal’ cuando la viste por primera vez?

Lo cierto es que no la vi en el sentido estricto de la palabra. Lo que pasó es que se publicó un CD un año después de que tuviera lugar la actuación y Alan me lo puso casualmente en una visita que le hice en 1998. Me pareció que la pieza era una evocación brillante de lo que era la vida de la clase obrera en la época en la que Alan y yo crecimos en Gran Bretaña. Había un sentimiento muy fuerte de experiencia compartida en todo aquello, de que ese trabajo capturaba el espíritu de un tiempo y de un lugar en concreto. De todos modos, no creo que ese hecho dificulte la lectura de ‘El amnios natal’ para aquellos que no pertenezcan a ese tiempo o a ese lugar. Lo mejor de leer es que uno tiene la oportunidad de viajar mentalmente a cualquier sitio y comparar cómo es la vida allí con la que uno tiene en realidad. El trabajo de un escritor es el de encontrar qué cosas son universales y volcarlas sobre el papel.

¿Cuál fue el mayor reto de traducir ese trabajo en imágenes?

A lo largo de la escucha surgieron muchas imágenes dentro de mi cabeza, especialmente de las partes que hacen referencia a la escuela y a la infancia. Trabajar a partir de ellas no supuso ningún problema. Le pregunté a Alan si le importaba que hiciera un libro con todo aquello, y él me dio su visto bueno.


¿Tuviste algún feedback por parte de Alan Moore mientras estabas dibujando ‘El amnios natal’ o creaste un trabajo 100% independiente a partir de sus palabras? Me atrae esa idea de yuxtaponer los trabajos independientes de dos personas y el ver cómo cada uno de esos trabajos ilumina al otro...

Simplemente tiré hacia adelante y dibujé todo el libro siguiendo una transcripción de las palabras de Alan que hice mientras escuchaba el CD. Como él no había previsto que la obra fuera traducida alguna vez a imágenes, no guardó ninguna copia del guión y tuve que hacerlo así. Nunca discutimos ningún aspecto de la obra. Todo sucedió de un modo muy natural, disfruté mucho más con este trabajo que con la rígida estructura de ‘From Hell’.

No sé si será por que es un medio con el que me siento más cercano, pero creo que un cómic es un modo más adecuado que una performance para expresar el tipo de ideas abstractas que basan tanto ‘El amnios natal’ como ‘Serpientes y escaleras’. Tengo la sensación de que la información visual que se le da al lector puede enriquecer la lectura con ideas relacionadas a las que tal vez no hubiera llegado de otro modo.

Además de eso, el tener impresos sobre el papel unos trabajos tan complejos como éstos te da la oportunidad de moverte a través de ellos hacia adelante y hacia atrás para asimilarlos y comprenderlos de un modo más profundo. En una performance, en cambio, eres arrastrado por el discurso sin tener ocasión de detenerte en una idea o en un detalle concreto.


A pesar de no contar con una narrativa lineal, ‘El amnios natal’ sigue al menos una dirección y un sentido temporales que nos hacen viajar hacia ese mismo útero materno del que partimos... y más allá. En ‘Serpientes y escaleras’, en cambio, perdemos incluso esa guía y la narración se mueve en unos parámetros aún más abiertos.

Hay un viaje espiritual representado por la ascensión a través de las esferas pero hay un sentido de la estructura mucho menor, sí. Fue mucho más difícil hacerlo funcionar sobre el papel. Hay uno o dos grandes momentos (por ejemplo la escena del baile de la chica con la serpiente y la de la escalera espiral de doble hélice) y luego un montón de sudor para intentar hacerlos funcionar. Lo cierto es que cuando funciona puede ser una obra bastante mágica... o al menos eso espero.

La editorial Astiberri está a punto de publicar ‘Mi libro sobre el dinero’. Esta obra parece ser el siguiente paso natural tras ‘El destino del artista’, ¿verdad?

Ciertamente, y ese trabajo era la consecuencia lógica de los dos volúmenes de ‘Alec’. Si uno tiene el proyecto de construir la autobiografía de toda una vida, tiene que dar la sensación de estar siguiendo un camino que lleva a algún sitio. Cada trabajo debe suponer algo y no ser sólo otro volumen más. Al escribir este nuevo libro estaba pensando en el dinero, en cómo adorna nuestra vida y en cómo se vuelve también el motivo de las peleas más amargas. Trato un tema más serio que en otras ocasiones.


Después de tantas reticencias, el uso del ordenador cobra mucha importancia en esta obra.

Supongo que el ordenador se ha convertido en la herramienta para crear imágenes, del mismo modo en el que la guitarra eléctrica se convirtió en el instrumento para crear música en las décadas de los 50 y 60.

¿Cuándo prefieres dibujar un lugar o un personaje y cuándo prefieres editar una fotografía ya existente para recrearlo?

Me gusta usar todo lo que tengo a mano para crear mis dibujos y hacer lo que creo que necesita cada uno de ellos, aunque a veces me lleve mucho más trabajo que simplemente dibujarlos. Para una de las páginas, por ejemplo, decidí hacerme una fotografía, recortar mi pelo y utilizarlo para completar el personaje (no fue un proceso tan sencillo como lo explico, pero bueno). Siendo el cómic el medio que es, tuve que hacerlo también en el resto de páginas y acabé tardando mucho más de lo que hubiera tardado simplemente en dibujarlo.

¿Tiene algo que ver este uso del ordenador con los colores vivos que utilizas de un tiempo a esta parte?

Evité colorear a través del ordenador durante muchos años porque nunca lograba articular mi propia voz al hacerlo. Pero un buen día, jugando con unos paneles de ’The Playwright’ una vez terminada la obra, encontré un modo de hacer que los colores fueran más expresivos. Cuando pinto me sobrevuela la caótica sensación de que la vida va a irrumpir en cualquier momento y va a dar al traste con todo lo planificado. Los colores se mueven de un lado a otro de forma aparentemente aleatoria, las opciones desechadas aparecen de repente de forma velada por entre las capas de la pintura... Un cuadro debería tener su propia vida y yo no conseguía encontrar eso en los trabajos que hacía por ordenador. Hasta que un buen día descubrí cómo podía hacerlo.


A pesar de ser muy creativo a la hora de representar las formas que llenan tus viñetas, te sigues ciñendo a la clásica rejilla de 9 cuadros. Es curioso, porque mientras la mayoría de los dibujantes tratan de innovar en la diagramación de sus obras, tú pareces tener más interés en exprimir al máximo este formato clásico.

Las diagramaciones extravagantes no son más que un truco. Yo estoy más interesado en desarrollar un lenguaje simbólico y usar esa secuencia de un modo más sofisticado que el que normalmente se emplea para representar el movimiento del tiempo. Los comics manejan un lenguaje gráfico a través del que se puede expresar literalmente cualquier cosa. Podemos tirarlo abajo y volverlo a construir con las mismas piezas para contar las grandes historias de nuestro tiempo. Y lo podemos hacer de un modo personal y honesto porque, al contrario de lo que sucede con la televisión y el cine, no requiere demasiada cantidad de ese dichoso dinero del que hablo en mi libro.

Texto completo de la entrevista mantenida para el número 57 de la revista AUX Magazine
La noche del 24 de abril de 1991, el Increíble Hundersand hipnotiza a dos personas como punto culminante de su espectáculo de magia y les roba siete minutos de su vida. Ellos son Toni y Julia; dos jóvenes que, a pesar de ser dos completos desconocidos en esos momentos, terminaran por compartir sus vidas con el paso del tiempo.

La vida en siete minutos’ es la historia de la caída y recuperación de Toni. Y la de su posterior caída aún mayor. Y la de la recuperación que siguió a esa caída antes de volver a zambullirse en un nuevo pozo sin fin. Y es que, siguiendo la máxima de Robert McKee que vertebra la novela y guía los pasos de todo guionistas que se precie y, sobre todo, precie a su público, Pep Bras está decidido a no hacer la vida fácil a su protagonista en ningún momento. De hecho hay alguna escena tan embarazosa que un servidor tuvo que tirar de fuerza de voluntad para seguir adelante en vez de sucumbir ante la vergüenza ajena y abandonar el libro. Esto es lo que pasa cuando uno se identifica con un personaje y empieza a vivir la historia en sus carnes.



Pep Bras lleva tres décadas trabajando como guionista en cine, radio y televisón, y lleva trabajando con Andreu Buenafuente en El Terrat desde sus inicios en la radio. Eso se nota en el guión perfectamente tramado de ‘La vida en siete minutos’. Ni una información superflua ni un fleco suelto al terminar la historia, y eso hace que ese pequeño esfuerzo del que hablaba líneas más arriba mereciera sobradamente la pena una vez echada la vista atrás al volver la cubierta de la novela.

La vida de Toni depende de la reconstrucción de esos siete minutos robados por el Increíble Hundersand. ¿Conseguirá nuestro maltrecho héroe salir victorioso de la aventura?

Texto originalmente publicado en el número 56 de la revista AUX Magazine

Irvine Welsh ha sido siempre un escritor controvertido. Welsh nació y creció en Edimburgo y vivió codo con codo con esos personajes que pueblan su peculiar mundo literario: unas personas que viven al margen del sistema, pero a las que Welsh tampoco cree que les quede otro remedio.

"Realmente creo que estas persona nunca han tenido la oportunidad de elegir", explica el propio Welsh al preguntarle sobre la naturaleza de sus personajes. "El futuro de la mayor parte de la gente joven que vive en los estratos menos acomodados de la sociedad británica ha sido simplemente destrozado por el modo en el que las clases más pudientes están gestionando nuestro presente. De hecho, creo que el futuro de esta gente está hipotecado al menos durante dos generaciones, y no me da la sensación de que nada de todo esto esté mejorando".

A pesar de que Welsh escriba desde lo concreto, reproduciendo los modelos que vio una y mil veces a lo largo de unos años de juventud en los que esta clase obrera más desfavorecida tuvo su momento de esplendor mediático gracias al estallido del movimiento punk y llegando incluso a transcribir de modo cuasi-fonético el dialecto de este grupo social, coincide con nosotros al apuntar que dirige su mensaje a un mundo globalizado en el que "la democracia ha sido negada".

El poder de decisión del pueblo es nulo y las sociedades occidentales "pronto estarán funcionando de facto siguiendo el modelo chino". Y es que, como bien recuerda el propio Welsh, "China es el país que está cosechando más éxitos ahora mismo. De hecho, y un poco a modo de ejemplo y de pista sobre lo que puede depararnos el futuro, el gobierno chino está comprando todos y cada de los estudios de Hollywood que han entrado en bancarrota a lo largo de estos últimos años".



'Trainspotting' fue el primer fogonazo que Irvine Welsh disparó contra nuestras mentes bienpensantes, pero, a pesar de que muchos lo creyeran así, Welsh no había salido de la nada sino que llevaba años curtiéndose en el mundo de los relatos cortos: un género del que sus novelas son tan evidentes como confesas herederas. Evidentes por el fluido entramado de historias cortas que normalmente da forma a las novelas de Welsh, y confesas porque el propio autor ha explicado más de una vez que 'Trainspotting' nació de un grupo de relatos breves que evolucionaron hacia algo diferente.

"Una gran parte de los escritores empiezan en el mundo de la literatura escribiendo relatos", explica al preguntarle sobre su relación con el arte de la narración breve, "pero tengo la sensación de que la mayoría de ellos tienen la impresión de que su primera novela es una especie de graduación, y yo no estoy para nada de acuerdo con esta idea. Hay autores que logran condensar en un relato todo el contenido profundo de una novela, como por ejemplo Alice Munro o Annie Prolux, y eso es algo más complicado de lo que la gente cree".

'Col recalantada', una expresión "muy italiana" que "en su versión original tiene el significado de volver a acostarse con una antigua pareja", recoge precisamente algunos de los relatos que Irvine Welsh escribió en sus comienzos y los complementa con 'Yo soy Miami', una novela corta escrita posteriormente que pone el contrapunto a esos relatos y muestra la evolución de Welsh como escritor.

Al preguntarle sobre el motivo de esta recopilación, Welsh es bastante sucinto. "He escrito muchas historias a lo largo de todos estos años", dice, "y muchas de ellas aún me gustan. Creí que sería una buena idea reunirlas en un solo volumen, porque fueron publicadas en unas publicaciones que en su mayoría ya no existen".

Los tiempos de la eclosión punk fueron especialmente prolíficos en lo que a cultura urbana se refiere y Welsh recuerda algunas de estas publicaciones como "verdaderamente geniales: eran unas revistas y unos fanzines de literatura punk que estaban allí para dinamitar la ortodoxia de las editoriales tradicionales y tratar de abrir grietas en su entramado. Algunas de estas publicaciones, como el ‘Rebel Ink’ de Kevin Williamson, llegaron a tener una influencia muy grande".



Además de la naturaleza de sus personajes y el modo en el que éstos son descritos, los relatos de Irvine Welsh han tenido siempre ciertas cosas en común como son el empleo del humor para sublimar algunas escenas particularmente escabrosas y el hecho de que la mayoría de sus personajes tengan que enfrentarse tarde o temprano a las consecuencias de sus acciones.

Welsh entiende este humor como "algo necesario, algo sin lo que estas historias no serían soportables", pero niega que enfrente a sus personajes a las consecuencias de sus actos para conseguir ampliar este efecto humorístico. "El efecto puede conseguirse según y en qué relato", explica, "pero creo que la redención es un proceso necesario tanto en lo espiritual como en lo social y que sólo puede conseguirse enfrentándose a los propios actos".

Entre la pléyade de personajes que pueblan los relatos de 'Col recalentada' encontraremos a viejos conocidos como ese Begbie que lo acompaña desde la publicación de 'Transpoitting'. De hecho, y a pesar de que él se limite a comentar que "lo importante son las historias" y que "hay algunos personajes que siempre seguirán generándolas", Welsh lleva dos décadas creando un universo propio en el que sus novelas y relatos breves encajan como si fueran las piezas de un puzzle, y por el que sus personajes campan a sus anchas.

No es de sorprender entonces que la última novela de Welsh, recién publicada en el mercado anglófono, sea precisamente una precuela de 'Trainspotting' que el escocés ha dado en titular 'Skagboys'. Y es que estos personajes son ya como "viejos amigos con los que es un placer divertirse".

Texto originalmente publicado en el número 56 de la revista AUX Magazine


Los canadienses Rush se convirtieron en 2011 en el tercer grupo con más discos de oro y platino obtenidos de forma consecutiva después de The Beatles y The Rolling Stones. Dejo caer este dato por empezar la reseña por alguna parte y, sobre todo, por contrastarlo un poco con el hecho de que ningún promotor estatal haya tenido nunca la certeza de que este grupo pueda llenar un aforo de 15.000 personas y de que, como consecuencia de esto, el grupo no haya tocado aún en la península en sus casi cuarenta años de historia.


Clockwork angels’ es el decimonoveno disco de estudio de Rush (el vigésimo si tenemos en cuenta el EP ‘Feedback’ en el que versioneaban algunas de las canciones que más los influenciaron en los 60) y, ya desde su misma portada, supone un intento de trasladar a su actual universo tanto estético como sonoro el tipo de canciones que componían en la primera etapa del grupo. Los guiños son evidentes: desde las agujas de reloj que marcan las 21:12 en homenaje al disco ‘2112’ (1976) hasta la entrada de ‘Headlong Flight’ que recrea con leves variaciones la de la canción ‘Bastille Day’ (1975). Pero éstas no son más que formas de poner de un modo más evidente algo que también se intuye en las dinámicas de canciones como ‘BU2B’ o la ‘Clockwork Angels’ que da nombre al disco.

A lo largo de los 12 temas que conforman el álbum, su joven protagonista atravesará un mundo que mezcla magia y steampunk a partes iguales, mientras lidia con las fuerzas del orden y el caos que encuentra a su paso. La historia será también novelizada por Kevin J. Anderson.

Texto originalmente publicado en el número 56 de la revista AUX Magazine
La anterior novela de Eduardo Mendoza, ‘Riña de gatos’, fue todo un éxito. Desde que le concedieron el Premio Planeta, todo el público supo que tenía que leerla y que tenía que gustarle (o al menos que tenía que descargársela dentro del enésimo pack de 1.500 libros que todo el mundo debe tener y atesorarla en su lector electrónico preferido). Pero muchos de los lectores habituales del barcelonés creímos que faltaba algo en aquella novela. Y es que, a pesar de que algunos defiendan sus trabajos más serios creyendo que gravedad es igual a alta cultura, es en su vertiente más satírica donde Eduardo Mendoza destapa el tarro de las esencias, lo vuelca y, despojándolo de todo su contenido, lo llena con una mezcla de panceta, churros y vino tinto de garrafón tan embriagadora que es difícil no sucumbir a sus encantos.

El enredo de la bolsa y la vida’ supone la cuarta entrega de las aventuras del detective sin nombre que ya protagonizara ‘El misterio de la cripta embrujada’, ‘El laberinto de las aceitunas’ y ‘La aventura del tocador de señoras’. Como en estas anteriores tres novelas, Mendoza extiende ante nosotros el plano de una Barcelona tan esperpénticamente valleinclanesca que no nos queda más remedio que reconocer en ella retazos de la ciudad que nos rodea en nuestro día a día. La economía que baja, los bazares chinos que suben, los africanos albinos que trabajan como estatuas humanas en las Ramblas... y una Angela Merkel que surge como de la nada para dar la última vuelta de tuerca a la trama que se cierra alrededor del cuello de los protagonistas.

Como la vida real, oigan.

Texto originalmente publicado en el número 55 de la revista AUX Magazine