Yo he pasado por esos dos estados,
transicionando lentamente del segundo al primero y creo que el hecho de que me haya costado un poco entrar en el particular universo de
Gurewitch se debe a que las primeras páginas de '
La Hermandad de la Biblia Perry' estén protagonizadas por unos chistes de
penes que el propio autor reconoce, en la
entrevista que cierra el volumen, que no cree que sean demasiado
apreciados por algunos críticos.
No es que a mí me disgusten este tipo de
chistes ni mucho menos, pero yo particularmente necesito que los penes protagonistas de estos chistes
hablen entre ellos de
Godard o de
Schopenhauer para que me resulten
atractivos. Un poco lo que sucedía con '
Muchachada Nui', que lo mismo te soltaban un "
ya Boy George", que te hablaban de
Michel Gondry, que te contaban las aventuras de unas
turgentes posaderas.
Me culpa: necesito sublimar mi
pasión escatológica a través de la [supuesta]
alta cultura para justificarme ante mi
Superyó, pero todos tenemos taras.
Había perdido ya la
fe en esta Biblia cuando algo hizo
clic dentro de mi cabeza y me granjeó el acceso a su
Tierra Prometida. Creo que fue cuando
Gurewitch pasó a tratar otros temas como la
muerte [soy una de esas personas a la que les gusta reírse de los culos, sí, pero a las que les gusta todavía más reírse de un esqueleto con guadaña,
mi último proyecto literario es un fiel reflejo de ello].
Tras su aspecto aparentemente
naif, el universo de
Gurewitch es un universo
cruel y
despiadado. Un poco como éste en el que nos ha tocado vivir, sólo que con
risas enlatadas al final de cada tira, que es algo que siempre echo mucho en falta en mi decurso diario.
Las tiras de '
La hermandad de la Biblia Perry' empezaron a publicarse en
The Daily Orange, el periódico de la
Universidad de Siracusa, en forma de entregas semanales (inicialmente se publicaba los domingos, de ahí que el autor se refiriera a ellas como a una
Biblia).
Pero la obra de
Gurewitch obtuvo tanta repercusión que pronto llegó a publicarse en periódicos como
New York Press o
The Guardian. Todo esto sin traicionarse a sí mismo en ningún momento. De hecho, es curioso ver cómo la versión final de las tiras de
Gurewitch no es la publicada en el periódico de turno, sino la que él termina por incluir en
su página web tiempo después.
El afán de perfeccionismo de
Gurewitch lo lleva a jugar, no sólo con los
temas y las diferentes formas de
representar a cada personaje, sino que también con las
tipografías hasta llegar a convertirlas casi en un personaje más de la tira.
Imita a
Edward Gorey cuando se tercia, a
Quentin Blake... y sobre todo se
divierte mientras nos hace
pensar,
escandalizarnos y, sobre todo,
reír a mandíbula batiente por mucho que lo hagamos en voz baja por temor a que nos califiquen como mínimo de
desalmados.
Como siempre, la edición en la que
Astiberri reúne las tiras de '
La Hermandad de la Biblia Perry' es excelente y, además del ya de por sí interesante hecho de mostrar toda la evolución de
Gurewitch en un sólo tomo, se complementa con una
entrevista en profundidad hecha por
Malki para la revista
Illiterate en 2008 y una serie de
tiras desechadas en las que el propio autor explica qué es lo que le hizo dejarlas a un lado.
Yo, si fuera tú, no me lo perdería.